No todos saben que los fundadores de Ghibli fueron también los responsables de algunos de los dibujos animados que nos acompañaron ya en nuestra infancia. No en vano, Miyazaki participó en la elaboración de Heidi y Marco, junto al ya asentado Takahata, con quien más adelante crearía el Estudio Ghibli. Además, es el responsable de las series de dibujos animados Sherlock Holmes o Lupin.
Sus trabajos se vieron influenciados, sobre todo en sus comienzos, por uno de los sucesos que más ha marcado la historia de Japón: la Segunda Guerra Mundial. Así, el sufrimiento que supone para el pueblo japonés el conflicto y que llega a su punto álgido con los desastres de Hiroshima y Nagasaki, lleva al estudio y concretamente a Takahata a la realización de una de las películas más tiernas y dramáticas de Ghibli La cueva de las luciérnagas que se centra en la crudeza de la guerra y en los lazos familiares. En la misma época, Miyazaki utiliza también la temática de la familia, ya habitual en la obra de estos dos creadores, para contar una historia centrada en la esperanza, en Mi vecino Totoro.
La derrota en la Segunda Guerra Mundial, y por tanto la pérdida de referencias en Japón y Estados Unidos, provoca además la búsqueda de referencias en Europa para toda una generación, que se manifiesta en la obra de Takahata y Miyazaki a través de los paisajes, pueblecitos y ciudades típicamente europeos que aparecen por ejemplo en Heidi o Marco. También la valentía y la fuerza de la mujer, de los niños o de los jóvenes son temas recurrentes en su obra. Sucede lo mismo con la vuelta al Japón de los orígenes y a su conexión con la naturaleza, que se manifiesta en El viaje de Chihiro y sobre todo La princesa Mononoke, con referencias al sintoísmo japonés, religión nativa de Japón, por medio de la cual se adora a los kamis o espíritus de la naturaleza.
Si estáis en Tokio, por tanto, nada mejor que dedicar medio día a visitar el Museo Ghibli, pensado para que los niños y los no tan niños aprendan, se diviertan y sueñen. Se llega fácilmente al mismo en metro, desde el centro de Tokio hasta Mitaka, zona residencial a las afueras de la gran ciudad y donde se coge un autobús amarillo, que simula al autobús gato de Mi vecino Totoro y que nos lleva hasta el Museo, a través de lugares como este.
El Museo está plagado de detalles y rincones que son un guiño constante a sus películas, combinándose espacios abiertos,
patios interiores,
Por otro lado, si queréis saber algo más sobre sintoísmo, nada mejor que explorar los numerosos santuarios pertenecientes a esta religión que podéis encontrar en Japón. Aún hoy, a pesar de no ser ya religión oficial, el sintoísmo convive con el budismo dentro de las creencias japonesas. Delante de los santuarios, el Torii es la puerta que marca la entrada al mundo divino desde el mundo terrenal de los hombres.
Uno de los toriis del santuario Meiji en Tokio:
Finalmente, si estáis interesados en aprender más sobre las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial en Japón, os recomiendo acercaros en tren a Hiroshima, desde Tokio o Kyoto y luego coger el autobús que os lleva a la zona cero. Allí se conserva el lugar donde cayó la bomba atómica tal y como quedó y el Museo de la Bomba Atómica que nos acerca a todo lo que allí sucedió el día del lanzamiento, recordándonos por qué es tan importante luchar por lograr la paz y evitar las guerras en el mundo.
Sin embargo, si de momento Japón os queda lejos, os recomiendo que al menos consigáis alguna de las películas del Estudio Ghibli. Así podréis familiarizaros con la cultura japonesa y los distintos aspectos que la han determinado mencionados con anterioridad.
Traíler de Ponyo en el acantilado:

